

Nonantzin
Texto: Nezahualcoyotl
Amor América
Texto: Pablo Neruda
Al bufón llamado Don Juan de Asturia
Texto: Mario Barité
Todo espera y se hace tarde
Texto: Mario Barité
El Viaje
Texto: Javier Alonso
Arte poética
Texto: Mario Barité
Amada
Texto: Eduardo Novo
No entrar como turista al corazón de una mujer
Texto: José M. Zonta
Rumbos
Texto: Federico Weimer
Si pudiera abrir mi gruesa flor
Texto: Eunice Odio
Aroma del tiempo
Texto: Mario Barité
NONANTZIN
Nezahualcoyotl, Texcoco
Amada si yo muriera
entierrame en la cocina
bajo el fogón
Al palmotear la tortilla
me llamara a su manera
tu corazón
Y si alguien amor se empeña
en conocer tu pesar
dile que es verde la leña
y hace llorar
Amor América
Pablo Neruda, Chile
Yo estoy aquí para contar la historia.
Desde la paz del búfalo
hasta las azotadas arenas
de la tierra final
Antes de la peluca y la casaca
fueron los ríos, ríos arteriales,
fue la humedad y la espesura,
el trueno sin nombre todavía,
fueron las cordilleras,
las pampas planetarias.
El hombre tierra fue, vasija,
párpado del barro trémulo,
forma de la arcilla,
fue cántaro caribe, piedra chibcha,
Tierno y sangriento fue,
pero en la empuñadura
de su arma de cristal humedecido,
las iniciales de la tierra estaban escritas.
Nadie pudo recordarlas después:
el viento las olvidó, el idioma del agua
fue enterrado, las claves se perdieron
o se inundaron de silencio o sangre.
Tierra mía sin nombre, sin América,
palabra aún no nacida de mi boca,
estambre equinoccial, lanza de púrpura.
Antes de la peluca y la casaca
fueron los ríos arteriales,
las cordilleras, las pampas planetarias.
Al bufón llamado Don Juan de Asturia
Mario Barité, Uruguay
Vas con los ojos de dormir en vela
Curtido navegante solitario
Tu vacuo gesto de polichinela
Abolla tu sombrero estrafalario
Tus palabras no saben de que hablan
Tus humores mezclan colores propios
Revelas cual indóciles cronopios
Las umbrías euforias que te arramblan
Que bien te calzaría un sancho panza
Que ensillara tu rucio cada día
Puliera los metales de tu lanza
O sellara tu incordio en un abrazo
En cambio, nadie arrulla tu porfía
Ni tu invencible abismo de payaso
Todo espera y se hace tarde
Mario Barité, Uruguay
De prisa de prisa
Que el día se va
O lento muy lento
Que el tren
No llega.
Ceniza fue fuego,
Pero antes madera.
Madero el que arde y se desespera.
Relojes tan fatuos
Filtran las arenas.
De prisa y lento
Que llegas en tiempo.
Ve lento y rápido
Acelera y frena.
Es siempre hoy,
Nunca el pasado vuela.
Madero el que arde y se desespera.
Es siempre hoy,
Nunca el pasado vuela.
Ve lento y rápido
Acelera y frena.
Que el día se va.
Que el tren no llega
Madero el que arde y se desespera.
Filtran las arenas
De prisa de prisa
Relojes tan fatuos
Que el tren
No llega.
De prisa y lento
Que llegas en tiempo
Ceniza fue fuego,
Pero antes madera.
Madero el que arde y se desespera.
El Viaje
Javier Alonso, Uruguay
Vine a recostarme en tu regazo
A entregarme al descanso
De la vida transcurrida
Otoñando a tu vera de hoja tenue
Posada sobre el manto de la tarde
Apagándose en el patio y la espumilla
Llego enardecido de batallas
Náufrago corsario del deseo
Mi corazón surcando a sotavento
En las claras aguas de tus ojos
El sextante de tu mano, astrolabio de tu beso
Entro en la bahía acostaré
En los ondulados muelles de tu puerto
No habrá descarga,
Vacío llegó el bajel, no desierto.
El ancla levada en proa
El timón ya rumbo quieto
Vine a recostarme en tu regazo
Con un ramito de estrellas
Y la rosa de los vientos pecho adentro
Arte poética
Mario Barité
No hay poema que no tenga
su rubicón, su cometa,
su pulsión de anacoreta,
y su errante musa renga.
El poema no te nombra,
aunque en silencio te ruega
que los dados con que juega
caigan en cono de sombra.
No hay poema que no esconda
espada y rama de olivo,
voces muertas, canto vivo,
el secreto que le ronda.
mira su rayo de sol, respira su oscuro sol.
No hay poema que no abra
los sentidos diferentes,
que en sus fondos transparentes
guardan las mismas palabras.
No hay poema por albur
al que no llegue ese día,
de coraza y rebeldía, su temible viento sur.
No hay poema sin lector
imprevisto y calculado, que desvele lo velado
y se duerma a su calor.
Bajo su rayo de sol, ciego por su oscuro sol.
No hay poema que no tenga
su rubicón, su cometa,
su pulsión de anacoreta,
y su errante musa renga.
No hay poema por albur
al que no llegue ese día,
de coraza y rebeldía,
su temible viento sur.
No hay poema que no esconda
espada y rama de olivo,
voces muertas, canto vivo,
el secreto que le ronda.
Bajo su rayo de sol, respira su oscuro sol.
Amada
Eduardo Novo
Si yo supiera amada
Que el fuego de tu boca
Consumirá mis días
Hasta el supremo adiós
Si yo supiera
Que ya no habrá distancias
Que separen tus ojos
De mi fiel corazón
Ni llantos en que naufrague
Tu adolescente alma
Ni silencio que apague
Este incendio de amor
Llevarme entre mis días
Todos los días tuyos
Que no quede un segundo
Que no lo guarde yo
No entrar como turista al corazón de una mujer
José M. Zonta, Costa Rica
No entrar como turista en el corazón de una mujer
haciendo fotos
dejando latas de cerveza
buscando sólo catedrales inmensas
y estatuas transparentes
con la mochila llena de mapas
y haciendo comidas rápidas
porque hay un país
siete ciudades
una cordillera
y un invierno
en el corazón de una mujer
no bebas sólo un vaso de Mar allí
no entres en avión
toma el tren de la media luna
no reveles allí tus fotos en una hora
si no hace demasiado frío entra desnudo
no lleves paraguas
y sobre todo no tales árboles en el corazón de una mujer
no acostumbran volver a crecer.
Rumbos
Federico Weimer, Argentina
Siempre fui por los rumbos de la vida
Como un barco
Sin brújula en la niebla
A babor la bruma blanca y ciega
A estribor la noche sin estrella
He surcado tantos mares anhelando
Acostar en buena tierra
Siempre el viento
Contrario en el velamen
Y un temblor de naufragio
En la cubierta
Y hoy que veo tus ojos desde lejos
Como un faro
En las costas del misterio
Huye el miedo trepando por las jarcias
Y estalla en la rosa de los vientos
Llegaré hasta la altura de tus torres
Con el alma preñada de horizontes
Desde el fondo
De todos los naufragios
Venciendo el laberinto de la noche
Y si acaso callera en los escollos
Que abrigan el dulzor de tu ribera
Quedará el recuerdo de tus ojos
Como un sol desgarrando las tinieblas
Si pudiera abrir mi gruesa flor
Eunice Odio, Costa Rica
Si pudiera abrir mi gruesa flor
para ver su geografía íntima,
su dulce orografía de gruesa flor:
si pudiera saltar desde los ojos para verme,
abierta al sol,
si no me golpeara de pronto,
en la mejilla,
esta reunida sombra,
esta orilla de silencio.
Si pudiera quedarme abierta al sol
como el sencillo mar
y alta, recién nacida hija del agua,
creciera mi color al pie del agua.
Por qué no he de poder
desnudarme los pies en una casa
en que los alfabetos ascienden
por el labio a la palabra,
desnudarme los pies en una casa
en que todos los días un año
desviste su estatura melancólica.
Sin embargo
no puedo desnudarme los pies
en esta casa
ni poner sobre la mesa el corazón.
Pero puedo abrirme como una flor
y saltar desde los ojos para verme,
abierta al sol.
Aroma del tiempo
Mario Barité, Uruguay
Te llevo guardada
Con las cosas que perdí
Te siento en la llama
De la vela que encedí
Por que vivas siempre
Ya soy la memoria
De los años que viví
Dormido en tu vientre
Todo fue y se fue
Y aunque nada ya será
Un consuelo muerde
La felicidad
Es un aroma del tiempo
Que nunca se pierde
Te siento en la llama
De las cosas que perdí
Dormido en tu vientre
Ya soy la memoria
De la vela que encendí
Y que amaré siempre
Te llevo guardada
En los años que viví…
