¡Qué disco tan alegre! Alegre porque nos reúne con ganas, se canta con ganas, se vive con ganas y hasta sufrimos con buen ánimo. Esta confluencia de poemas inicia con Nonantzin, poema traducido del Náhuatl por el poeta vanguardista nicaragüense Pablo Antonio Cuadra donde nos comparte la intimidad del amor telúrico que busca la tierra para permanecer en el México precolombino de Nezahualcóyotl (1402-1472). Claro gesto de la vanguardia de recuperar lo autóctono frente al gusto aburguesado de las élites.

También podemos experimentar el amor de contemporaneidad de las cámaras fotográficas en No entrar como turista en el corazón de una mujer del poeta costarricense José María Zonta, bien cerquita de Amada de Eduardo Novo, donde Javier Alonso logra conservar todos los segundos del amor más entregado.
Sucede así en Rumbos de Federico Weimer. Veamos esta estrofa del poder que brinda el amor, el poder como voluntad de vivir: «Y hoy que veo tus ojos desde lejos como un faro en las aguas del misterio, huye el miedo trepando por las jarcias y estalla en la rosa de los vientos. Llegaré hasta la altura de tus torres con el alma preñada de horizontes desde el fondo de todos los naufragios, venciendo el laberinto de la noche.» Además, confluye ese amor propio que reivindica fuerza y derechos en Si pudiera abrir mi gruesa flor de la gran poeta costarricense Eunice Odio y en la poderosa voz de Amaranta.
Vitalidad sería otra palabra que constantemente encontramos en esta propuesta, vitalidad desde «La paz del búfalo» que nos brinda la diversidad cultural y musical en Amor América de Pablo Neruda, un poema que comparte nuestra geografía mítica como americanos. Tampoco falta el humor, la parodia a una figura colonizadora en Bufón llamado Don Juan de Austria de Mario Barité e interpretada por Manuel Madrid Castro En todo espera y se hace tarde del mismo autor, nos da la clave de lectura, de escucha de este disco: «De prisa y lento que llegas en tiempo». Que no haya duda de que al escuchar este disco estamos en el lugar justo para arder.
Esta canción con alegría nos concentra en el presente más inmediato: nuestro cuerpo ardiendo. El poeta Barité disloca el tiempo de lo cotidiano y nos da el de la memoria del amor filial en Aromas del tiempo: “te llevo guardada en los años que viví” … Son las seis am, tengo que seguir escribiendo la tesis de maestría, y la emoción que da esta música, me expande. Busco a Natalia, confluencia vital, para hacer justo lo que me dice este verso de la canción El Viaje: «Vine a recostarme en tu regazo, a entregarme al descanso de la vida transcurrida» (letra y música de Javier Alonso). Convidados sean a esta alegría, a esta vitalidad que nos reúne para llorar emocionados y reír con buen ánimo por la inmensa gratuidad con la que se nos da este disco, la gratuidad de la vida que nos concentra en este momento, rotundamente presente.
Cristopher Montero Corrales
